Los procesos de familia son los más difíciles de llevar, no por la técnica jurídica sino porque las partes no son adversarios comerciales: van a seguir viéndose durante años en cumpleaños y actuaciones del colegio.
Nuestra manera de trabajar acá
Antes de demandar preguntamos siempre si hay margen para un acuerdo. Una conciliación extrajudicial bien hecha tiene la misma fuerza que una sentencia, cuesta una fracción y no deja a los hijos en medio de un juicio de dos años. Cuando no hay margen —y a veces no lo hay— vamos al juzgado sin dudarlo.
En casos de violencia familiar el orden es al revés: primero se denuncia y se piden las medidas de protección, y después se conversa de todo lo demás.
Sobre lo reservado
Nada de lo que se hable en la primera reunión sale de ahí, se contrate o no al estudio. Es el secreto profesional del artículo 289 de la Ley Orgánica del Poder Judicial y para nosotros no es un formalismo.